La cultura se alza a partir de fragmentos tangibles. El mueble que sostiene libros apilados en estantes fijos. Los cuadros expuestos en los pasillos. Los retratos y las pinturas impresionistas en formato miniatura. La colección de música o variantes de este arte. Las películas, las series de televisión o los documentales vistos por medio de una pantalla anclada en algún muro de la sala de estar. Fragmentos, todos ellos, que materializan la cultura. Audible, tocable y leíble, documentable y transferible. Me detengo, sin embargo, en los libros.
Borges especuló que el paraíso celestial es una biblioteca infinita. La convicción de Borges sobre la imposibilidad física de leerlo todo y la aspiración de concentrarlo todo. Las bibliotecas públicas o comunitarias favorecen el contacto íntimo con la cultura impresa. Espacios privilegiados que ofrecen una pausa frente al ritmo turbulento y tremebundo de nuestros días.
Una persona que lee es un modelo imitativo. Lo vemos sentado, tranquilo, como robado por otro mundo. El sociólogo británico Herbert Spencer creía que la imitación es un patrón importante de acción social. Actos que se reproducen y se vuelven costumbre porque las personas, en efecto, estamos hechos de costumbres.
La adquisición de libros, atesorarlos, transmitirlos o donarlos. Muy a menudo se cree que un escritor nace de manera espontánea, como si se tratase de la irrupción mágica de un artista. Pero lo que subyace a una opinión semejante, por el contrario, es el efecto de la cercanía con la cultura material; es el contacto doméstico o cotidiano con los libros. Las bibliotecas públicas o comunitarias son zonas de invitación y resguardo, son puertas abiertas a la curiosidad, a la reflexión, al descanso. Un modo laico de espiritualidad.
La donación de libros en las comunidades o en las colonias populares semeja al cultivo en los terrenos agrícolas. La variable que importa es el tiempo. Lectores posibles que demandarán libros; lectores que investigarán en el futuro quizá su propia voz narrativa.
¿Es trascendente el interés por propugnar o por esparcir bibliotecas comunitarias en todos los lugares posibles? Los que impugnan o desmeritan esta clase de iniciativas son los que defienden el privilegio de aquellos pocos que pueden adquirir o comprar los libros. El libro y la cultura del libro, en efecto, han estado asociados al privilegio y a la distinción de clase. Es necesario mover las coordenadas y asumir a los libros como un derecho; el derecho que tenemos todos de convertirnos en potentes lectores.
Pero las bibliotecas de este tipo no son ni pueden ser el único atajo hacia la república de los lectores. Pero es una iniciativa fuerte, compartida, solidaria, que busca expandir el radio de su influencia. Favorecer el acceso a los libros es fortalecer el pase directo al mundo de las historias y las historias del mundo. Las bibliotecas que queremos fundar en lo inmediato son pases directos a la imaginación, al deseo, a la esperanza, a la ilusión, los resortes más importantes de la vida.