Un buen amigo me lo envió el vídeo cuando en nuestra conversación en el chat lo daba como supuesto obvio, efecto de una tendencia, de un asunto viral. Muy a menudo nos referimos a lo viral cuando un objeto sencillo es objeto de comunicación de miles. No sé cuál es la mejor definición de lo viral. Jorge Carrión, el crítico cultural catalán, le ha dedicado todo un libro recientemente; lo viral quizá, o ante todo, responda a un diseño. Un diseño tal para que algo breve pueda moverse aerodinámicamente en cualquier soporte.

El ángulo está fijo en un rincón superior en la parte trasera del transporte. Es un combi, como decimos, una fugoneta en términos científicos. Son segundos los que vemos. Se abre la puerta de la combi y un sujeto robusto, obseso, desatendido, adentra y lanza imponente una consigna amenazante que hizo temblar a los pasajeros y actúa en consecuencia. Los pasajeros no se mueven, van a quitarles sus pertenencias, pero el conductor acelera de tal modo que el otro asaltante queda varado, imposibilitado de subir, y el tipo que sí ha entrado se percata al sesgo y lo observa ya a la distancia con el vehículo en movimiento. Intenta retroceder (deducimos en seguida que él no porta el arma), busca la salida, pero el pasajero que separa esa fuga y lo que está por venir, le impide el paso primero tímida y luego decididamente con el pie, y el resto de los pasajeros se amontonan en la figura que desaparece de la imagen. Caen al suelo y lo que vemos después es un tumulto, bola rencorosa, un odio verbal. Y luego la secuencia de una golpiza.

Hasta ahí llega el vídeo. ¿Qué puedes pensar de este suceso? ¿Que hay peligro en las rutas?, lo sabemos desde que nacimos aquí, porque aquí nos tocó vivir. ¿Que Texcoco, Ecatepec o Nezahualcóyotl son ciudades duras, grises, escalofriantes?, no lo ignorábamos. ¿Que se confirman los rumores que la pandemia ha alimentado la desesperanza, el hambre y los peligros?, antes del Convid-19 sabíamos que allá afuera siempre hay riesgos, gente desesperada, malosa, que asaltará los caminos.

¿Debieron o no debieron llamar a la policía en el instante? Imposible, impensable, luego los jueces los liberan. ¿Debieron o no debieron ajusticiarlo de manera contundente? Sí, no, no sé. Cuando los pobres se divierten, se lee en El Matadero de Echeverría, siempre hay sangre. ¿Qué le pasó finalmente al tipo que no pudo huir?, se puede inferir que hubo contusiones graves. ¿Y los derechos humanos? Vaya broma.

Quiero terminar con otro fenómeno ligado al vídeo. La parodia. Horas después, quizá días después del evento se desencadenaron otros vídeos parodiando el suceso. Algo es viral cuando deviene en meme, ¿no? Me tengo en uno curioso. Alguien editó dos secuencias conocidas: el tipo desatendido entra en escena y arroja amenazante una consigna; la siguiente escena es la reacción populosa que termina en golpiza. Así entonces pueden editarse escenas de la oposición política de nuestros días.

Ahí los tienen: los del PAN arrojan la consiga amenazante que López Gatell maneja pésimo la pandemia, la cantidad de muertos y blablablá y, en seguida, el pueblo en redes los tunde y la golpiza. Les sacan los trapitos de Genaro García Luna. Los cientos de miles de muertos de esa supuesta guerra que desencadenaron. El mal chiste de partido político que quiere activar esa cosa que se llama todavía Felipe Calderón.

Ahí lo tiene: Enrique Alfaro, el gober de Jalisco, grita amenazante que en los sótanos del Palacio Nacional se tejen conspiraciones en su contra y luego el pueblo de Jalisco lo tunde en redes que es más bien su administración mediocre y autoritaria, el asesinato vil del obrero Giovanni López y el aumento desproporcionado de la deuda del Estado, y sus tambaleantes aspiraciones presidenciales.

Ahí la tienen: la revista Letras libres de Enrique Krauze publica amenazante que López Obrador concentra el poder y la deriva autoritaria y (¿otra vez?), y luego el pueblo en redes les recuerda sus contratos millonarios con Televisa, la Operación Berlín, sus pactos con Alfaro, y se sucede la golpiza. Y etcétera.

México va en una combi, puede decirse. Las fuerzas de la reacción, del antiguo régimen, suben y gritan amenazantes. Pero el líder (o el conductor de esa combi), junto con el pueblo raso y ciertas clases medias que lo votaron, pueden darles, o están dándoles ahora, una madrina histórica que difícilmente, no sé, volverá a repetirse.