Al tragaluz de los días fue saludable el último intercambio público entre el gobierno de la 4T (la cabeza en jefe de la agenda de las mujeres en el gobierno federal, Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación) y diferentes medios o portavoces de mujeres a propósito del estado de la cuestión de la mujer en México.
Este encuentro público tuvo lugar en la habitual conferencia de prensa que ofrece la presidencia, ocurrido el pasado 29 de julio. Un formato neurálgico de comunicación al presidente, donde se impone la agenda de los días. Para algunos, que no son pocos, lo nombran concentración de poder, puede ser; para mi gusto es una apropiación mediática de la palabra, antes perdida o inexistente, que sigue con estricto rigor la premisa de rendir cuentas claras (todos los días). Parece innecesario señalar que el acceso al presidente en el pasado, ya por conferencia de prensa, ya por entrevista o variantes, era un privilegio de algunos cuantos periodistas del sistema. No son los tiempos que se viven ahora en México.
Cuando se habla de mujeres en el país, ahora bien, hablamos los últimos años de las amenazas a sus vidas, hablamos del riesgo de muerte y de mujeres muertas. Niñas, adolescentes, adultas. Números rojos, estratosféricas y escandalosas han sido las cifras. Hablamos también de familias desmembradas, mutiladas o rotas. Violencia en la familia, violencia en las calles, violencia en el cuerpo, violencia política, violencia salarial, violencia simbólica. Nadie de ellas se ha podido sentir a salvo. Nos referimos también a un amplio despliegue de dispositivos, tanto tecnológicos como culturales, tanto políticos como institucionales, que ejercen de muchos modos la dominación sobre las mujeres.
Un sujeto, las mujeres, sojuzgado y agredido por largos siglos en muchos sentidos, pero en busca de su emancipación. Un sujeto dominado a la par de otros sujetos dominados en México: los indígenas, los homosexuales, los pobres, los prietos, los jóvenes, los lumpen, los sin nombre. Un ejercicio de dominación que se recrudece, empero, si se trata de mujeres indígenas, lesbianas, las trans, las trabajadoras domésticas, las trabajadoras sexuales, las pobres, las prietas, las adolescentes, las lumpen, las sin nombre. Hablamos finalmente del derecho a la vida, último y decisivo objeto o materia biopolítica en cualquier ciudad o región.
Proveniente de la actual oposición política, pero no únicamente, se ha dicho con insistencia que la 4T no está en sincronía con la agenda de las mujeres. Que, para presumirse como un gobierno en busca de la transformación de México, se ha quedado atrás o ha dado la espalda a la agenda política de las mujeres. Muchos de estos reclamos son legítimos y veraces; muchos de estos reclamos han señalado la administración de los dineros, refiriéndose a los recortes de dinero público que han sufrido las dependencias gubernamentales dedicadas precisamente a la agenda política de las mujeres.
Es cierto que ha habido una especie de neutralización de los dineros públicos con los que operan las funciones del Estado. Alrededor del 70 por ciento de las partidas, a excepción de las secretarías de salud, seguridad, cancillería, defensa nacional y otras de ese tipo, que han sido intocables desde que se decretó la contingencia sanitaria. López Obrador lo ha conceptualizado como “austeridad republicana”, lo había gritado al mundo desde la campaña electoral, muy cerca ahora, cada día, sin embargo, de convertirse en “austeridad franciscana”, en clara alusión al amor a la pobreza que efectuaba la orden religiosa durante los siglos coloniales.
En la animadversión proveniente del movimiento de mujeres o simpatizantes con sus causas a propósito de estos recortes, pierden de vista que esta neutralización la han sufrido de igual manera otras dependencias, las de cultura particularmente —sector clave, ¿no es cierto?, para el propio feminismo o los muchos feminismos, y otras batallas político-culturales—, y, sin embargo, el argumento administrativo que se ha ofrecido es de cuidado, mayúsculo, y nos produce una desazón inigualable.
Si se hubiera dado luz verde al cien por cien de los dineros para la operatividad del Estado, habría malversación o corrupción del mismo. El Estado mexicano ha sido diseñado desde tiempo atrás, quizás desde el lejano gobierno de Miguel Alemán, aquel “presidente empresario” como le decían al tipo en los años de 1940; un diseño, decía, de una maquinaria que fue perfeccionándose poco a poco desde hace más de medio siglo para la realización de artilugios mágicos para la desaparición del dinero público. Fideicomisos, partidas secretas, contratos oscuros, gasto corriente, leyes de extraña operación, salarios indecentes y un largo etcétera, cuyo resultado evidente era que se establecía y crecía una desconexión entre las necesidades de la población y la operatividad del gobierno. Desencuentros previsibles, conflictos persistentes entre ambas partes y aumento de la desconfianza en detrimento claramente de los vulnerables, hombres y mujeres, de los más necesitados. Gobierno rico y pueblo pobre, frase recurrente pero estratégica en el discurso político de López Obrador.
Frente al creciente escepticismo y los cuestionamientos públicos, Olga Sánchez Cordero habló de 560 millones de pesos ejercidos del presupuesto federal en lo que va de este aciago 2020. Cifra que trató de disipar las dudas sobre si ha habido o no ha habido dinero destinado a la agenda política de las mujeres. Un monto, sostiene la 4T, que nunca se había destinado a este rubro particular en la historia contemporánea de México. Sánchez Cordero se refirió, además, a un espectro de programas, redes o grupos de trabajo de y para mujeres. Números telefónicos activos de emergencia. Capacitación de policías. Casas refugio a mujeres indígenas. Protocolos hacia niñas y adolescentes víctimas directas de feminicidio. Becas de estudio. Y de inaplazables perspectivas de género en toda la administración federal. Acciones positivas quiero creer, impulsadas todas ellas por la 4T, en el marco de los derechos pro-mujeres en México.
¿Medidas suficientes? Si en México sigue apareciendo tan solo un caso de niña, adolescente, mujer, abuela… rota, desmembrada o muerta, nunca será suficiente, como sostiene la sentencia musical de una cumbia.