La Biblioteca es total y […] su examen contiene todos los elementos verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos (el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto) pero no un solo absoluto sinsentido. / La Biblioteca de Babel – Jorge Luis Borges

Si el drama borgeano es que la escritura lo contiene todo, el problema a resolver acaso sea trazar un mapa, o muchos mapas, para encontrar la conexión entre los textos. Y luego, de ser posible, narrar la ruta.

En el apartado “El mapa y el territorio” de su Ernesto Sabato: de lo real a lo posible. Un ensayo sociológico en torno al poder y la maldad, Fernando Beltrán define el texto que nos presenta como un ensayo de interpretación cultural en búsqueda de la tradición o de la historia social subyacente a la escritura de Ernesto Sabato. Con profundo acento hegeliano, afirma que “La comunidad, lo único verdadero, siempre es más importante que lo individual, sobre todo y más aún, cuando el mundo del arte impugna la sentencia anterior y hace valer el peso de la singularidad”. Y una vez que la obra ha sido expuesta o terminada, “el autor ha borrado sus huellas como un criminal lo hace con respecto a su crimen. El autor difumina los rastros que contienen los signos decisivos a partir de los cuales se podría explicar la creación literaria”.

El conjunto de estas afirmaciones tiene el propósito de asentar la tesitura sociológica de este ensayo, delimitándolo como sociología de la literatura. Una vertiente con la que, nos dice el autor, si bien se emparenta con el crítico literario en cuanto a la búsqueda de las pistas para descifrar o sopesar los misterios de un autor o una obra, nos propone simultáneamente una dimensión sociológica. Para tal propósito afirma: “El punto de partida no es la voz del autor sobre sí mismo, sino las condiciones que hacen posible su producción artística. La sociología de la literatura opera en este terreno. Se busca el desciframiento del modo de contar contra los modos que se ha opuesto. Porque, a la manera de un axioma de la producción literaria, todo escritor escribe en contra de los otros. En efecto, las relaciones entre los escritores son mucho más explicativas de lo que nos ofrece la singularidad de los dichos, las memorias o las poéticas consideradas en sí mismas… Este ensayo, además, busca un plano de interpretación donde la sociología y la literatura converjan: donde la hipótesis de interpretación sea simultáneamente una posición escritural”.

Este ejercicio de interpretación, entonces, se enmarca en la premisa de que las condiciones sociales, políticas o ideológicas tensionan de forma permanentemente la relación entre el arte y la vida o, también, el arte y la política. La sociedad propuesta para este ejercicio sociológico es la Argentina del siglo XX y la escritura, la de Ernesto Sabato, bajo el supuesto de cuestionar la autonomía del arte y proponer, por el contrario, la figura del “escritor comprometido” en el marco de las sociedades latinoamericanas, desiguales y jerárquicas a través de un minucioso ejercicio de lectura.

Dicho lo anterior, nuestro autor se da a la tarea de iniciar su ensayo resolviendo la pregunta de por qué Ernesto Sabato hoy. Respuesta: por su interés por lo terrible, lo misterioso, lo destructor, temas de cuyo primer trazo da cuenta El túnel, novela escrita en 1948 cuya trama es el drama del pintor surrealista, Juan Pablo Castel, quien asesina a punta de cuchillo a su amante, María Irribarne. En Sobre heroes y tumbas de 1961, la trama se configura por el parricidio de una hija sobre su padre y el suicidio de ella bajo el fuego que ella misma se prendió con nafta; finalmente, en Abaddón el exterminador, de 1974, donde los hermanos Nacho y Agustina se debaten  entre la repulsión y la atracción por el escritor, Sabato, quien se desdobla como un personaje más en la novela.

Afirma Fernando Beltrán que el propósito de Sabato es indagar las fuerzas que impulsan a los sujetos a desconocer todo límite y convertir la maldad propia en ley. A partir de aquí la relación entre el daño y lo trascendental se postula como dimensión constitutiva de la convivencia humana en la obra de Sabato. Y aquí bien vale la pena hablar de qué entendía Sabato por trascendental. Retomo una cita del ensayo: “Uso esa palabra [metafísica] para referirme a ciertos problemas últimos de la condición humana: el ansia de absoluto, la voluntad de poder, el impulso a la rebelión, la angustia ante la soledad y la muerte son esos problemas”.

Presentación editorial en el Aula Magna del Posgrado de la Facultad de Estudios Superiores Aragón, UNAM, el miércoles 14 de octubre de 2026.

Sabato es un crítico del liberalismo, de la tradición de la literatura nacionalista y de la visión racional del mundo. Una postura que asume después de abandonar la física matemática en un trayecto de “la razón a la sinrazón” con la probemática social de la imprevisibilidad del mal. A lo largo de su ensayo, Fernando Beltrán nos adentra en esta postura con diversas citas: “Que el mundo es horrible, es una verdad que no necesita demostración”. “El bien y el mal, la muerte, el destino no son problemas abstractos sino que están unidos a la suerte del hombre concreto, ese hombre que habita en la realidad y en la ficción. ¿Cómo puede eludir la metafísica una novela profunda?”.

Se trata de problemas para los cuales la ciencia no ofrece respuestas definitivas, para cuya emergencia nuestro autor propone su surgimiento en contextos de crisis, cuando la experiencia desborda las explicaciones racionales. De ahí que los personajes de Sabato encarnen problemáticas como la existencia, la muerte o lo divino, y el modo de contar de Sabato sea ambiguo a través de lo que hacen los personajes de sus novelas: ya sea desde lo que recuerdan en la instrospección, en las charlas de café o en el intercambio de cartas, sin certeza en la trama o las motivaciones de los personajes. Un modo de contar que Fernando Beltrán nos propone entender como la respuesta de un autor a un mundo atravesado por violencias extremas, propias de nuestra época, o acaso de todas las épocas, a través de una escritura de ficción conformada por motivaciones desdibujadas o ambiguas, la yuxtaposición de planos y multiperspectiva, ante lo cual bien cabe plantearnos si acaso no estamos hablando también de la modernidad y su crisis.

Una crisis que resulta similar al Zeitgeist, “espíritu del tiempo”, de la modernidad de las primeras tres décadas del siglo XX, momento de la transición entre el abordaje optimista de la modernidad, anclado en la ciencia y la tecnología como portadoras de la racionalidad instrumental y la solidez del mundo, y el desencanto a partir de este predominio de la razón en la modernidad. Escenario en el que el Zeitgeist se ocupó fundamentalmente de los problemas filosóficos y de la vida. Valga mencionar al filósofo alemán Wilhelm Dilthey y su preocupación por la vida como objeto de su reflexión para ubicarla como elemento subyacente en las concepciones de mundo y dimensión sustantiva de la historia.

La índole fugaz, contingente y transitoria de la modernidad, y la pérdida de sentido de las formas compartidas de pensamiento dentro de ella, motivó un ambiente intelectual para el desarrollo de conceptos y tópicos que representaron la conciencia de una crisis endémica de la cultura moderna a inicios del siglo XX, cuya realidad epocal resultó progresivamente inaprensible con las nociones e ideas que hasta entonces identificaban a la modernidad.

De ahí que la sociología se haya desarrollado como forma de conocimiento y crítica de la modernidad. Uno de sus elementos constitutivos que surge con la crisis del mundo tradicional y que, al mismo tiempo, representa una serie de esfuerzos para tratar de responder preguntas con diferentes respuestas. De ahí también que en su naturaleza sociológica se afirme en este ensayo que “El mundo social es altamente conflictivo, de constante producción de sujetos bajo mucha presión. Si el daño nunca desaparece, la sociología del crimen necesita ampliar su campo de interrogación”. Y citando a Marx de forma complementaria, se afirma: “la atmósfera en la que vivimos ejerce sobre cada uno de nosotros una presión de 20 000 libras [pero] ¿acaso la sentimos? Se redondea esta circunstancia de la realidad con la siguiente afirmación: “en la ficción de Sabato hay recursos para pensar y enfrentar una realidad donde el infierno parece instalado en el mundo social”.

A partir de lo anterior el ensayo propone investigar dos instancias escriturales de Sabato. La primera es Abaddón el exterminador, una ficción que investiga a la ficción misma mediante la interconexión de planos, donde el propio Sabato aparece como personaje en diálogo con sus creaturas literarias en una especie de texto de reflexividad de una subjetividad en crisis, donde también la emprende contra intelectuales y pseudointelctuales frente a la crisis Argentina. Publicada en 1974, se puede leer como una señal anticipada del terror absoluto con los 30 mil desaparecidos que dos años más tarde implantaría la Junta Militar. ¿Una crisis propia de la modernidad o bien un diagnóstico ya de la posmodernidad en Latinoamérica? 

La segunda instancia es el texto Nunca Más. Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de personas, CONADEP, donde se detalla documentación de la ejecución sistemática de las fuerzas peronistas por parte de la Junta Militar, encabezada por el general Jorge Rafael Videla. Una ofensiva que arrojó secuestros, torturas, desmembramientos, cadáveres, fosas, campos de destrucción, con la Escuela Superior de Mecánica Armada como dispositivo y núcleo operativo. Un sistema, nos dice Fernando Beltrán en su ensayo, para operar un crimen colectivo organizado con la desaparición como forma de borrar las personas de la historia.

Luego de una cuestionable posición política frente a la dictadura, Sabato fungió como presidente de la CONADEP entre cuyas recomendaciones se propuso “declarar crimen de lesa humanidad la desaparición forzada de personas. Establecer en la enseñanza escolar, civil y militar la defensa de los derechos humanos y derogar toda legislación represiva del orden existente”. Derivado de esta posición, Sabato entregó el informe el 20 de septiembre de 1984, una investigación colectiva que no se convirtió en un arma de acción política inmediata de castigo contra los militares, como erróneamente se esperaba, pues ello le correspondía al poder judicial. Sin embargo, como memoria de lo ocurrido, el Nunca Más propició la lucha de las madres/abuelas de la Plaza de Mayo.

Este ensayo nos adentra, desde una perspectiva sociológica de la literatura, a explorar el Zeitgeist, el espíritu del tiempo, que a través de la escritura permitió a Ernesto Sabato anticipar de alguna forma el terror y la violencia que experimentó la sociedad argentina bajo la Junta Militar en el período de 1976 a 1984. Mediante tres estrategias escriturales: la multiperspectiva, los planos yuxtapuestos y el desdoblamiento de la subjetividad lo real, se nos presenta como un campo incierto de posibilidades pero, parafraseando a Borges, no un solo absoluto sinsentido.

Anuncio de la Presentación editorial en el Aula Magna del Posgrado de la Facultad de Estudios Superiores Aragón, UNAM.